sábado, 14 de febrero de 2015

-LAS MARISMAS DEL GUADALQUIVIR, EL PAISAJE DE LA "ISLA MÍNIMA"-

La película "La isla mínima" ha descubierto al público las marismas del Guadalquivir, una de las zonas más inhóspitas de la Península hasta hace apenas medio siglo, pero que tras titánicas décadas de trabajo humano para desecarlas y roturarlas se han consolidado como el mayor arrozal de Europa.

Los sedimentos arrastrados por el Guad
alquivir hacia el mar durante siglos colmataron el golfo atlántico que llegaba hasta Sevilla y crearon una dos mil kilómetros cuadrados de marisma, penetrada por el Guadalquivir y sus dos brazos más importantes: el Brazo del Este y el Brazo de la Torre.

Entre estos tres cauces se conformaron las denominadas islas Mayor y Menor, y ésta última fue seccionada por la Corta de los Jerónimos, una de las ejecutadas desde el siglo XVIII entre meandros del Guadalquivir para facilitar la navegación, creando la ínsula conocida desde entonces como la Isla Mínima, el paisaje argumental de la película del mismo nombre, galardona con diez goyas.

El filme de Alberto Rodríguez no se ha rodado sólo en las 2.300 hectáreas de Isla Mínima, sino también en Isla Mayor, principal población de estos arrozales; la finca Veta la Palma y la intrincada red de caminos y de canales que conforman las 30.000 hectáreas de este arrozal de la margen derecha del estuario del Guadalquivir, que contrasta con la izquierda, poco alterada ya que desde mediados del pasado siglo alberga el Parque Nacional de Doñana.

El paisaje de los arrozales es radicalmente plano, inundado medio año, polvoriento el otro, en el que solo sobresalen los rectilíneos muros de los canales de agua que delimitan las tablas de arroz y alguna construcción o árbol singulares que sirven de referencia en decenas de kilómetros cuadrados.

Las geométricas tablas de arroz contrastan con la enrevesada red hídrica del estuario del Guadalquivir, como reflejan las fotos aéreas que cada mes realiza, desde hace décadas, el investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Héctor Garrido, algunas de cuyas imágenes de esta "armonía fractal de Doñana" ilustran "La Isla Mínima". (Os invito a ver este álbum: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.319241078152454.71550.130892296987334&type=3 )

Las bandadas de miles de aves que viven en los arrozales conforman uno de los espectáculos más singulares de estas marismas, inalteradas durante siglos, aisladas por periódicas inundaciones y por la malaria y con un uso ganadero y cinegético marginal.

Fue en 1926 cuando buena parte de la margen derecha del estuario del Guadalquivir fue vendida por el marqués de Casa Riera a la sociedad británico-suiza Sociedad de las Islas del Guadalquivir, que comenzó su desecación y roturación para cultivar algodón y arroz.

Al fracaso de esta gran empresa, que ejecutó proyectos de infraestructuras desconocidos hasta la fecha en Andalucía, como kilómetros de canales, carreteras, vías ferroviarias y estaciones de bombeo, siguió el de la Compañía Hispalense de la Valoración de las Marismas y, posteriormente, Ismagsa que también intentaron, con poco éxito, el cultivo del arroz durante la Segunda República.

-Arroz para abastecer al bando franquista-

Fue el general Gonzalo Queipo de Llano quien a partir de 1937 impulsó definitivamente el cultivo del arroz en esta zona, estratégico para abastecer al bando franquista, pues los otros arrozales españoles, la Albufera de Valencia y el delta del Ebro, permanecían bajo soberanía republicana.

Las condiciones en las que miles de braceros -muchos de ellos republicanos huidos de las matanzas de la Baja Andalucía y Extremadura- domeñaron la marisma para transformarla en un límpido arrozal se asemejaron a las penurias de los campos de trabajo forzado.

Numerosos presos de guerra y políticos también fueron empleados en la construcción de las obras para el riego de estos cultivos.

La posterior llegada de agricultores valencianos expandió los arrozales por el Bajo Guadalquivir hasta consolidarlos como unos de los principales de Europa, con una cosecha de más de 300.000 hectáreas, casi la mitad de la producción española.

Al ignoto poblado de Alfonso XIII, denominado así al ser el puesto avanzado para las batidas de caza del monarca en estas marismas, le superó a mediados del siglo XX El Puntal, primigenio establecimiento de los braceros del arroz que luego se transformaría en la pedanía de Villafranco del Guadalquivir y, ya en democracia, en la actual Isla Mayor.

El aislamiento geográfico de estas marismas y el silencio forzado de miles de braceros que las transformaron la marisma en condiciones de semi-esclavitud, envolvieron a estas tierras en un halo de misterio desvelado en parte en la película de Alberto Rodríguez.

Medio siglo antes, Alfonso Grosso y Armando López Salinas ya advirtieron la singularidad de esta zona, que recorrieron en agosto de 1960 en un viaje antropológico plasmado en su obra "Por el río abajo", editada en París en 1966 y que no pudo ser publicada en España hasta 1977.

Atín Aya, fotógrafo prematuramente desaparecido en 2007, captó en blanco y negro el dramatismo de la vida en la marisma, reflejado también en "La isla mínima".

Carnavales de Fuentes

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Nacen los «anti Podemos»

Nacen los «anti Podemos»
Wilmer Baute es fundador de este movimiento de venezolanos en contra de Podemos
Alejandro Olea
A Podemos y a Pablo Iglesias les ha salido un nuevo enemigo. Y en esta ocasión, no se trata de partidos políticos, sino de personas que saben de primera mano lo que es un régimen bolivariano similar al que querría implantar Podemos en España si lograra alcanzar La Moncloa. Se trata del Movimiento Español Venezolano AntiPodemos (MEVA), una corriente que nace de las redes sociales y fundada por venezolanos residentes en España que quiere manifestarse el próximo domingo 1 de marzo en Madrid para «darle un mensaje a la sociedad española de que este partido político está basado en principios chavistas y que viene financiado por Venezuela».
El fundador del movimiento –que se presenta en sociedad mañana en una asamblea ciudadana en Plaza del Ángel– es Wilmer Baute, un venezolano residente en España desde hace años que considera que Podemos «tiene debajo de la manga un proyecto constitucional como se aplicó en Venezuela, Bolivia o Ecuador» y que «nada más llegar al poder promueven un proceso constituyente para ampliar el periodo presidencial». «No queremos un partido político que se aísle y salga del euro», pero es que además «vemos similitudes en el discurso y en el modelo que Iglesias admira y que quiere implantar aquí», asegura Wilmer Baute.
Por estos motivos, promueven la «Marcha por la democracia», que recorrerá desde Plaza de España hasta la Puerta del Sol, siempre y cuando reciba el visto bueno de la Delegación del Gobierno. «Los permisos ya están solicitados, estamos esperando la confirmación de esta ruta y en caso de que no pudiera ser ésta, aceptaríamos una ruta alternativa», explica el fundador del movimiento dirigido en su mayoría por venezolanos, pero que cuenta con el respaldo también de españoles. «Es un movimiento plural, no sólo venezolano», defiende. «La manifestación se convoca sólo para dar un mensaje a la sociedad española y no apoyando ningún partido político», asegura Baute, quien reitera que su objetivo «no es decir a la sociedad a quién tiene que votar, sino a quién no votar».
El movimiento cuenta ya en las redes sociales con más de 1.200 seguidores a pesar de su reciente creación. Y, para conseguir un mayor respaldo de la manifestación, «hemos enviado una carta a los diferentes partidos políticos sin recibir respuesta alguna. No como partidos políticos, sino para que lo anuncien a sus militantes», explica el fundador de la corriente. «Es una concentración en la que da igual si apoyan al Partido Popular, al PSOE o a Ciutadans, que consideramos partidos democráticos», afirma. Eso sí, «no se le ha enviado información a Podemos, porque estamos en contra de ellos y tampoco a Izquierda Unida, porque nos parece una extensión de este partido político».

Más apoyos

También se ha contactado con partidos como Vox. Y Wilmer Baute asegura que, «en caso de que finalmente decidan apoyar la convocatoria, estamos convencidos de que sus militantes van a participar, porque al final, de lo que se trata es de personas que no quieran adoptar aquí una revolución bolivariana y que no quieran poner en riesgo la democracia aquí en España. De ahí el nombre de la marcha».
En su presentación de mañana en Madrid se darán también a conocer al resto de dirigentes ante la sociedad española y se hará una recogida de alimentos para estudiantes «sin acceso divisas» desde sus familiares en Venezuela. De hecho, este es una de las denuncias que plantea Wilmer Baute: la prohibición por parte del Gobierno de Maduro de «autorizar el cambio» del dinero de sus familiares, lo que obliga a decenas de estudiantes a vivir sin ingresos. «Hay chicos viviendo en bocas de metro y a otros les han echado de sus casas de alquiler», advierte. Por este motivo, el movimiento tiene previsto recoger alimentos para los estudiantes venezolanos que viven una situación «crítica». «Ése es el control que quiere aplicar Pablo Iglesias, con el modelo que quiere copiar de Venezuela», concluye.